La poesía es un derecho

 

Por: Arturo Reyes

He visto a la poesía en la noche. Tristemente, cuerpos vueltos penumbra por hacer poesía. Hay monstruos empoderados que se obstinan con la negación poética, bestias que apagan el fuego; que arrancan la flor nacida en la lengua. ¿Qué ven en ella? ¿Peligro? Pretenden que la poesía permanezca en la oscuridad como negación de la vida. ¡No!, la poesía es un derecho.

Entre otras legislaciones y otros derechos, la Declaración Universal de los Derechos Humanos y la Carta Magna de México reconocen el derecho a la vida, a la seguridad de la persona y a la libertad de expresión. Como se sabe, la positivización de estos derechos ha sido un camino largo, de luchas escritas y no escritas, de cambios paulatinos en el marco legal y social. Ahora, es importante recordarlo, reconocer y difundir el ejercicio de estos derechos como forma de defensa y conservación; trabajar en una cultura jurídica.

Todo ser humano tiene la capacidad de expresar sus ideas, sus emociones y la forma de entender la vida. La poesía es una forma más de ello. Claro, ésta se expresa con parámetros definidos y también indeterminados, pero, en suma, enuncia la vida con sus variadísimos matices.

La poesía nace de la cultura y las personas tenemos el derecho para acceder a la cultura. También de formar parte de la vida cultural haciendo poesía. En general, tenemos derecho a crear y a difundir toda manifestación artística, entonces, ¿por qué hay tantos ejemplos que se oponen a estos derechos?, y no sólo me refiero a los acontecimientos históricos sino también a la época contemporánea: sólo bastaría con inclinar un poco la nariz en los libros de historia para confirmar la represión poética; sólo bastaría con inclinar un poco la nariz en los periódicos para confirmar la represión a la vida, a la seguridad de las personas y a la libertad de expresión.

Entonces, se debe crear una nueva política en torno a la importancia del ejercicio de las artes, el hecho debe de ser visto como un derecho. Estas políticas posibilitarán un lenguaje común, democrático. Sí, no sólo los artistas son creadores, ni los únicos que pueden producir o expresarse, todos tenemos esta posibilidad, este derecho. La palabra es de todos. Hagámoslo valer.

Como se ha señalado, escribir poesía es un derecho; éste no depende del reconocimiento externo, sólo depende del vínculo desprendido entre la persona y el lenguaje. Y todo mundo tenemos una relación con las palabras, a través de ellas nos comunicamos, por ende, podemos expresar nuestra forma particular de entender el mundo.  

Lo anterior, posibilita el acceso de toda persona a escribir poesía, quitando así la categoría de exclusividad que a veces encontramos en la academia, en grupos de poetas o en los criterios editoriales.

Finalmente, hay que subrayar que si no se quiere escribir, se puede leer poesía, acceder al poema e interactuar libremente con él; ese también es un derecho. Por consecuencia, es importante la creación y difusión de la poesía a través de múltiples plataformas, presenciales, digitales e impresas. Esto permite acceder a un sector del patrimonio de la humanidad, de una lengua, de una nación, de una región o de una persona.

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