Eduardo Galeano y la noche
Por: Arturo Reyes
Eduardo
Galeano no es un especialista porque carece de títulos de economía, historia,
sociología o derecho. Él escribió para un público no especializado; nosotros,
los que nos mantenemos al margen de la economía mundial, de las decisiones
democráticas, de la comunicación masiva que en su discurso disfraza intereses
oligárquicos.
Galeano
narra y nosotros nos identificamos con su voz recogida en las calles, en la
experiencia ajena o en la palabra asesinada por la violencia. Al leerlo se
encuentran tesoros históricos, ideales sin fecha de caducidad y también una verdad
materialista: existen piratas con traje de economistas. Entre líneas presenta exhortos
de amor con botellas de vino.
Él
aprendió a escribir en un café, en el cuerpo de una mujer, en la palabra del
otro, en la noche latinoamericana. Su narrativa es pedagógica, social y
crítica a la vez. Sin embargo, no descuida su frente poético. Pese a la muerte,
sus palabras danzan, resisten y continúan sosteniendo la bandera de la
dignidad.
Y
de todas sus obras, ¿Las venas abiertas de América Latina es un libro
que olvidó las prohibiciones, es una tesis doctoral o es una obra de arte? El
caso es que Las venas abiertas... vuelven a sangrar cuando alguien
recuerda que desde su origen, América Latina ha perdido; aún trae los dientes
hundidos en la garganta, es la mandíbula de los países desarrollados.
Y
nosotros también sangramos,
porque
la soberanía continúa hipotecada, la materia prima se vende a costos fatales
para el medio ambiente y la pobreza parece endémica entre nuestros poblados.
¿Hasta cuándo, Galeano? En las venas abiertas... nos develaste el
momento exacto en que inició el saqueo, pero, ¿quién escribirá la conclusión de
este saqueo?
Escribir,
¿tiene sentido? La pregunta me pesa en la mano.
Se
organizan aduanas de palabras, quemaderos de palabras, cementerios de palabras.
Para que nos resignemos a vivir una vida que no es la nuestra, se nos obliga a
aceptar como nuestra una memoria ajena. Realidad enmascarada, historia contada
por los vencedores: quizá escribir no sea más que una tentativa de ponerse a
salvo, en el tiempo de la infamia, las voces que darán testimonio de que aquí
estuvimos y así fuimos. Un modo de guardar para los que no conocemos todavía,
como quería Espriu, “el nombre de cada cosa”. Quien no sabe de dónde viene,
¿cómo puede averiguar a dónde va? (Galeano, 2005, p.178).
Referencia
Galeano,
E. (2005). Días y noches de memoria y de guerra. Instituto Cubano del
Libro.
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