Esmeralda, poliamorosa y pentamatrimonial: derecho y moral
Por Manuel de J. Jiménez
Con frecuencia en los estudios jurídicos y
particularmente en los textos iusfilosóficos se tiende a abordar la relación
teórica entre derecho y moral. De hecho, la filosofía analítica y los
positivismos jurídicos hicieron de este enlace normativo un tema obligado en
las abstractas y sesudas discusiones dentro del aula. Sin embargo, mientras se
hablaba con asepsia normativista, el mundo hervía afuera. Recientemente compré
la plaquette De noche vienes, de
Elena Poniatowska, en “Vientos del pueblo” del FCE, texto que procede del libro
homónimo de 1979. El relato es una joya –como el nombre de su entrañable
protagonista− para los estudios de derecho y literatura a partir de la
cuentista mexicana, pues no sólo los hechos trascurren dentro de una caja
oficinesca, apocada y ministerial, sino que se pone el dedo en la llaga al
reconocer el patriarcado estructural que direcciona las actuaciones legales, ya
sea por la idiosincrasia del operador jurídico o la estrechez moral del
legislador.
La
historia es de lo más pintoresca y memorable. Esmeralda Loyden, enfermera
considerada y de verdadera vocación, tiene una feliz relación poliamorosa –se
diría ahora− con cinco esposos, todos ellos con sus respectivas actas de
matrimonio y con quienes reserva un día de la semana para esbozar una vida
conyugal sui generis. El problema se
da cuando Pedro, el más impulsivo de los cinco, la denuncia ante el Ministerio
Público. Entonces se pone en marcha el aparato ministerial para marcar los
hechos delictivos y la responsabilidad de Esmeralda, quien elude de modo
ingenioso el interrogatorio del juez, denotando la doble moral y la moralina
apriorística del servidor público. Muchas veces el juez queda desarmado, tartamudea
o se traba: “−Pero ¿no se da cuenta de su terrible inconsciencia? –pegó el
agente con el puño sobre la mesa haciendo volar el polvo milenario−. Es usted
una pu.. Se comporta como una prosti… −curiosamente, ante ella no podía
terminar las palabras; su sonrisa lo cohibía”. La mujer logra despertar la
simpatía de los oficinistas. A pesar de ello, ante el pesar de todos, termina
siendo consignada y recluida en Santa Marta Acatitla.
Pienso
en la vocación periodística de Elena Poniatowska. Imagino que seguramente hay
algo en la historia que viene de la nota sensacionalista y la vida del México
de los setentas. Incluso sopesé la ardua tarea de ir a la hemeroteca y revisar
el Ovaciones para reconocer los
titulares “Vaya quinielita y el jockey es una mujer” o “Cinco, como los dedos
de la mano”. Así comprobaría que existió una Esmeralda en la realidad. La
historia tiene una continuación fílmica, protagonizada por María Rojo y con
guion y dirección de Jaime Humberto Hermosillo, en De noche vienes, Esmeralda (1997). Sin duda, el relato muestra cómo
el derecho prescribe una moral pública que no siempre ofrece los mejores
resultados para las relaciones humanas. Los esposos terminan arrepentidos y
tristes, consolándose con el régimen de visitas conyugales en prisión, pues, al
fin y al cabo
todo
quedó inscrito en el llamado libro de la vida que es más cursi y que antecede
al que en la actualidad se utiliza para consignar los hechos y tiene un nombre
muy feo: certificación de cómputo. Conste, doy fe, si vale.
Sufragio Efectivo no Reelección
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarAy, mi compu se descompusó, aquí va mi nota, editada porque se envió mal la otra:
ResponderEliminarEn el México prehispánico la poligamia era permitida para la nobleza y la monogamia era para los plebeyos. Aunque los tlatoanis permitían que todas las mujeres vivieran juntas, solo una era la legítima.Así sucede siempre en ese tipo de relaciones. Pese a que quienes aceptan esas relaciones tienen un autoconcepto muy bueno sobre su visión del amor, es realmente una práctica que considero destructiva y que atenta contra la dignidad de las personas pues no se les trata igual.
Desde el punto de vista de los hijos también hay un trato diferenciado. Esto se vive incluso cuando una persona divorciada vuelve a contraer matrimonio. En la cotidianidad sucede que la primer familia se invisibiliza, creo que es una dinámica que refuerzan los 2 cónyuges. Quien contrae segundas nupcias con tal de tener un matrimonio exitoso olvida u oculta a su primer familia y quien se casa con la persona divorciada condiciona las visitas a los primeros hijos, los excluye de la vida de sus hijos sin reconocer que son medios hermanos... Es decir son los descendientes quienes viven una dinámica de doble vida.
Puede suceder que a la primer familia se le considere en la cotidianidad como la legítima y la segunda siempre ilegítima o viceversa.
No apruebo la bigamia ni la poligamia, pero a veces el divorcio es necesario y las personas tienen derecho a rehacer su vida sin el estigma de ser divorciados o divorciadas, pero la nueva estructura familiar requiere que todos vivan en dignidad, me refiero a las ex parejas, los primeros hijos y los segundos.
Exige más responsabilidad que el primer matrimonio, es de pensarse y de trabajar mucho por una relación que incluye a muchas personas.
Pensándolo bien, parece que si soy poliamorosa porque mi postura es que si me casara con alguien divorciado forzosamente tendría que aceptar, reconocer y convivir con su primer familia.
ResponderEliminarNo podría condicionarle las visitas o la convivencia con su primer núcleo del que dependen sus hijos.