El secreto de sus ojos: Justicia retributiva, venganza personal e impunidad en el cine argentino
Por Diana O. Mejía Hernández
«El 21 de junio de 1974 fue el
último día que Ricardo Morales desayunó con Liliana Colotto, y durante el resto
de su vida recordó cada detalle de esa mañana. Planearon sus primeras
vacaciones, tomaron té con limón, debido a su persistente tos que él endulzó
con ese terrón y medio de azúcar, según su costumbre. Recordaría para siempre
ese dulce de grosellas con frutas de verdad que nunca más probó. Las florcitas estampadas en su camisón y,
sobre todo, su sonrisa. Esa sonrisa recién amanecida, que se fundía con un rayo
de sol que caía sobre su mejilla izquierda...»
El secreto de
sus ojos (2009) es una película argentina dirigida por Juan José Campanella,
basada en la novela La pregunta de sus ojos de Eduardo Sacheri, coautor
del guión. La adaptación cinematográfica, que logró ser una de las películas
más taquilleras del cine argentino y la segunda en ganar un Óscar a mejor
película extranjera, relata la historia de Benjamín Espósito, un hombre jubilado
de un Juzgado de Instrucción en Buenos Aires que decide probar su vocación literaria
escribiendo una novela acerca de un feminicidio sin resolver que, luego de 20
años, continúa atormentándolo.
Al
inicio de la cinta vemos a Benjamín, vacilante y con aspecto viejo, narrando las
primeras líneas de su relato. De inmediato, se presenta un cambio en la
cronología de los hechos y volvemos al pasado, donde observamos un apacible
plano en el que se encuentran Ricardo Morales y Liliana Colotto, entre sonrisas
y miradas profundas, compartiendo el desayuno; súbitamente, aparece una escena
determinante para la historia: Liliana, con el rostro aterrorizado y ensangrentado,
está siendo abusada sexualmente por un amante enloquecido.
Los
sucesos son claros. Espósito estuvo a cargo de la investigación del caso. Acudió
a la escena del crimen en la que encontró a la joven desnuda y asesinada. Contó
con el apoyo de algunos compañeros del Juzgado, entre ellos Romano, quien
aseguró que había encontrado a los delincuentes, dos albañiles a los que golpeó
brutalmente para que confesaran el crimen. Descontento con lo ocurrido y
evidenciando las terribles faltas al debido proceso, Benjamín se dirige a la
casa de Ricardo Morales para informarle lo ocurrido y encuentra una vieja
fotografía de un hombre mirando obsesivamente a Liliana. Ya con cierto optimismo
y echando mano de todos los recursos disponibles para encontrar al sospechoso, se
ordena cerrar el caso por falta de elementos de prueba.
De
vuelta en el presente, Espósito intentará reconstruir los acontecimientos del
crimen que quedó impune y volverá al pasado reiteradamente en su afán por cumplir
con la justicia y recuperar la memoria perdida. Contactará de nuevo al viudo de
la joven y se verá inmiscuido en diversos dilemas morales al descubrir que el
hombre ha cometido actos ilícitos en contra del asesino, motivado por sus
impulsos irracionales y la venganza.
Este
salto en la trama nos permite comprender que a menudo la justicia restaurativa,
lejos de ofrecer alivio y reparación a las víctimas u ofendidos, deshumaniza
los procesos judiciales del sistema penal y admite el ejercicio de la venganza
personal. ¿Debería la justicia, entonces, contar con un criterio de
proporcionalidad entre el daño sufrido y aquél que se produce con la aplicación
de la sanción?, ¿hasta qué punto la justicia está al servicio del odio y la
venganza? ¿cuál es el espacio que media entre la justicia y la moral?
Por
su parte, otro de los grandes aciertos de la película es que permite visualizar
el horror en el que vivió sumida la Argentina de los años setenta, durante el
gobierno de María Estela Martínez de Perón, mejor conocida como Isabel Perón o
Isabelita, un periodo que estuvo marcado por incontables asesinatos y crímenes
de lesa humanidad que impulsaron al protagonista y «justiciero
de la ley» a recurrir al arte para develar
los más oscuros secretos del sistema judicial argentino y sus deficiencias.
El
secreto de sus ojos es, sin duda, una película con un fuerte contenido
simbólico en la que se ponen de relieve las debilidades del ser humano y cómo éste
actúa animado por sus pasiones. La fragilidad de la memoria, el transcurso del
tiempo, la impunidad, el amor y la venganza son elementos que se encuentran
presentes en esta extraordinaria cinta que deja un profundo mensaje: el ser
humano es el único individuo que tiene la capacidad de decidir libremente su
actuar, que tiene en sus manos la posibilidad de abandonar su doloroso pasado y
nos recuerda que lo único que se debe hacer es mirar hacia adelante.
Hola Diana, me encantó tu entrada porque me intrigó mucho la reseña, así que hoy pude ver la película y te cuento que me movió muchos sentimientos, es maravillosa. Hay una infinidad de planteamientos que señala la película, unos explícitos y otros implícitos pero parece una idea muy completa de lo que viven familias de las víctimas tanto en la experiencia legal como la emocional. Cuando digiera bien todo lo que me movió te vuelvo a escribir.
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