Injusticias sociales latinoamericanas: entre la realidad y la ficción
Por Miguel Angel Langle Flores
Alba Nidia Morin Flores
Relatos Salvajes es el título original de una de mis películas latinoamericanas favoritas. Traducida al inglés como Wild Tales y distribuida mundialmente por Warner Brothers, la cinta, nominada a los Premios Oscar 2015 como mejor película extranjera, mantiene a la fecha la primera posición de taquilla acumulada en su natal Argentina. El responsable de lo anterior es Damián Szifron (director y escritor); uno de los mejores cineastas argentinos de la época moderna, de acuerdo al diario El Clarín.
El citado filme en realidad no es un largometraje sino seis cortos
independientes cada uno con título propio, tal es el caso de: 1) “Pasternak”;
2) “Las ratas”;
3) “El más fuerte”;
4) “Bombita”;
5) “La propuesta”;
y 6) “Hasta que la muerte nos separe”. El primero seduce al espectador con una temática
muy contemporánea: bullying y venganza. Si bien, es la historia más irreal de las seis, por clasificarla de
algún modo, no incentiva la acción de abandonar la sala de cine, como si ocurre
con la sexta.
Aunque solo aparece unos segundos en pantalla, Pasternak, víctima de bullying, ejecuta su venganza mediante
un avión comercial tipo Airbus A320, muy similar al vuelo 9525 de Germanwings (filial
de Lufthansa) copilotado y empleado para suicidarse por Andreas Lubitz, el 24
de marzo de 2015, en el Macizo de Estrop, la montaña más
alta de los Alpes franceses de Provenza, acompañado desafortunadamente de
149 personas: 144 pasajeros y 5 miembros de la tripulación.
La segunda historia (“Las ratas”) puede describirse coloquialmente como un
ajuste de cuentas entre una mesera y un pintoresco candidato a intendente o
alcalde, no obstante, a pesar de su alto contenido de violencia gráfica extrema
tipo Gore, tal vez sea la historia menos deslumbrante de las seis.
Empero, nos permite fluir gustosamente hacia el tercer relato (“El más fuerte”).
Dicho cortometraje introduce la adaptación biológica con la finalidad de
preservar la especie: el instinto de supervivencia, para evidenciar con
claridad la analogía permanente entre los personajes principales de cada
historia y la diversidad del reino animal.
Posteriormente, Szifron nos deleita con “Bombita”, el corto más apegado
a la realidad latinoamericana. El ingeniero Simón, un aspiracionista
cualquiera, trata de sobrellevar los vaivenes del día a día al oscilar entre el
trabajo y la familia en un país subdesarrollado. Inmerso en una espiral social
descendente, el personaje comienza generando empatía en el espectador y termina
alimentando una vez más nuestro anhelo de justicia, o justicia social al menos.
Cerca del final, nuevamente tenemos una historia de transición, (“La propuesta”) misma que transcurre en una pequeña familia de clase alta. Durante la
madrugada, el hijo, proveniente de una fiesta y al volante de un auto nuevo
BMW, arroya por casualidad a una mujer embarazada. Lo anterior deriva en una
serie de sucesos, en donde tener dinero para negociar es lo primordial
(cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia).
Para abrochar, “Hasta que la muerte nos separe” le hace honor a su
nombre, sin embargo, en lugar de situarse en la ceremonia religiosa, se centra
únicamente en la fiesta con la intención de mostrar el momento exacto cuando
los asistentes se despojan de sus máscaras, en otras palabras, aquellas caretas
empleadas en distintos espacios de convivencia humana. Dicho mecanismo parece
complejo, no obstante, y para disgusto de algunos, Szifron cumple exitosamente.
Mientras escribía este texto, tuve la oportunidad de leer un relato salvaje, siempre presente, en la sección diaria de noticias electrónicas: “una mujer destrozó el auto de su pareja y el hombre sufrió un ACV (Accidente Cardiovascular)”. Si bien, pudo haber sucedido en cualquier rincón de nuestra sociedad, esta vez tuvo lugar en Santa Fe (Argentina), en donde los hijos del abogado sextagenario admitieron: “era una pareja informal de nuestro padre”.
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