La idea de justicia en la literatura de ficción especulativa de Philip Dick (I)
Por José Ramón Narváez H.
Nada
como la ciencia ficción para imaginar cientos de veces los posibles futuros de
la humanidad. Pensar cómo será la justicia dentro de algunos siglos no tiene
nada de insulso o es pérdida de tiempo, por el contrario, es una oportunidad
para re-pensar el presente. De hecho, nos encontramos atrapados en el presente
pensando que sólo podemos hacer pequeños ajustes, pero nada está dicho, somos seres de infinitas posibilidades.
Hablar
de este tema es necesariamente reconducible a un literato muy especial, Philip
K. Dick, para los doctos muy liviano, para los lectores Pulp, muy
sofisticado y pretencioso; una mina de oro¹ para productores de cine y series
de tv. Y él sólo quería hablar de lo humano y del amor, aún si bien desde una
postura pesimista y muy posmoderna.
En
su primera novela, Solar Lottery, el mundo es gobernado por la lotería y
un complejo juego llamado Minimax, la fortuna decide quien ha de gobernar, ya
sea por un día, por semanas, por meses o muy excepcionalmente por años, al
ganar la lotería el poder es cedido al nuevo gobernante, en ese mismo instante
se elige también a un asesino cuya única misión será quitarle la vida. La
justicia tiene algo de fortuito, es la combinación de variables, la idea del
ser humano de controlarla es pura ilusión.
Pero
no se abrume buen lector, buena lectora; Dick genera para nosotros un ejercicio
interactivo desde el primer momento, imagine distintos desenlaces, entre más
use su imaginación más posibilidad tendrá no sólo de encontrar las respuestas,
sino de conocer más al ser humano.
En
Tiempo desarticulado, Floyd Jones, adivino de carnaval, enfrenta un
gobierno relativista cuyos ciudadanos pueden creer lo que quieran, siempre y
cuando no traten de convencer a otros de sus creencias; una reducción al
absurdo sobre las democracias contemporáneas, la justicia se vuelve un asunto banal
y un individualismo exacerbado permite el control gubernamental.
Eye
in the Sky trata sobre un accidente nuclear donde ocho personas subsumen
sus conciencias en un sistema de Gestalt o proceso común. Los supervivientes
descubren que viven en mundos objetivos que son soñados por los miembros más
neuróticos del grupo. El ojo en el cielo, el ojo de Dios, lo mira y lo controla
todo; la justicia se debate entre la psicosis y el orden divino.
La
Tierra se encuentra bajo el control de Morec (Moral Reclamation-Reclamación
Moral), en la novela The Man Who Japed un gobierno basado en el
espionaje a sus ciudadanos, cuyas únicas alternativas son emigrar o someterse a
psicoterapia; el totalitarismo es un tema recurrente en la obra dickiana, la
justicia es entonces un asunto de Estado y se liga más al control, los agentes
del orden terminan siempre exhibidos pues son los primeros en no respetar el
derecho.
En
1957 aparece The Cosmic Puppets donde un pueblo entero es aislado y
controlado por un espíritu destructivo y su contraparte, el espíritu de la
sabiduría. La justicia es la eterna lucha entre el bien y el mal, Ted Barton,
atrapado en una singularidad que desafía el tiempo, se entera que ha muerto en
esa realidad alternativa emprende una aventura para descubrir cuál es su verdad.
Estos
son los primeros relatos y nosotros también estamos a penas empezando con este
gran autor y como dicen: “Esta historia continuará…”
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